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5 de marzo de 2013

El día que lloramos a un presidente

Yo tuve un hermano 
no nos vimos nunca 
pero no importaba.

Yo tuve un hermano 
que iba por los montes 
mientras yo dormía.

Lo quise a mi modo 
le tomé su voz 
libre como el agua.


Camine de a ratos 
cerca de su sombra 
no nos vimos nunca 
pero no importaba.

Mi hermano despierto 
mientras yo dormía. 

Mi hermano mostrándome 
detrás de la noche 
su estrella elegida. 
                                                            (Julio Cortázar)



Nuestra niñez y adolescencia fueron en los '90, en Argentina. Una década donde el más feroz sistema se impuso. Los años donde las injusticias brotaban por cual baldosa uno pisara. Donde nos enseñaron que teníamos que ser individualistas hasta la médula. Años donde sentíamos que la política era una mierda. Sí, una mierda. Todos le escapaban. Hablar de ella, era hablar de corrupción, de ricos y famosos. 

Por eso nunca pensamos que sentiríamos tanto dolor y lloraríamos por un presidente. 

Cuesta mucho asimilar la noticia, pero no el ejemplo de su vida.

Casi medio año de vivir en Venezuela alcanzaron para enamorarnos de la revolución, para sentir, para aprender. Para no solo ya creer, sino confirmar que un mundo mejor es posible y se construye día día.

Llegamos a ese país, y lo decimos con total sinceridad, con un poco de desconfianza. En Argentina, los militares son mala palabra. 
Al principio alguno amigos nos comentaron algo. Algo por aquí, algo por allá.

Y empezamos a viajar. Conocimos, vimos, escuchamos, nadie nos dijo que sentir. Sentimos un hermano fraternal, un ejemplo, un tipo sencillo, un aliado. Por primera vez conocimos a un presidente al que le creíamos.

No solo por lo que él decía, sino por lo que nos decían de él. 

Estoy feliz del momento histórico en el que nací”, nos decía una adolescente enamorada de su país.

Este hombre lo más importante que nos dio, fue enseñarnos que tenemos derechos, ya nada será igual”, nos comentó un campesino que cruzamos en una aldea.

Quisiera  dormirme y no despertar..... Dios está sordo”, nos escribió ayer una querida amiga al saber que todo empeoraba.

Jamás nos conocimos, pero lo queremos. A esta hora se nos vienen a la mente, y al corazón, todos nuestros amigos venezolanos. Ellos y ellas, quienes nos contaban con pasión lo que estaban viviendo desde hacía más de 10 años. Pasan unos a otros todos, juntos como flashes.

La televisión dice que Hugo Chávez murió, nuestra cabeza se niega a creerlo, nuestro corazón se humedece. Cambiamos de canal para salir del mal chiste. El corazón lo siente, no hay nada que hacer. 

Estamos meados por un elefante gigante. 

Por primera vez en la vida, lloramos por un presidente, y encima no es el nuestro, o sí.

Por primera vez en la vida, lloramos por un hermano que no conocimos, o sí. 

Por primera vez en la vida, vemos pasar una gran página de la historia a fuego, la que forja el mundo.

Gracias por mostrar todo lo noble que tiene trabajar esforzadamente para un pueblo, para un continente, para un mundo.

Gracias por enseñarnos a los jóvenes latinoamericanos que no todo está perdido, que la palabra tiene valor, que los sentimientos cuando son verdaderos generan muchos cambios. Porque vimos a tus compatriotas reírte, y ahora llorarte con el corazón, sabemos que es verdad eso de “amor con amor se paga”.

Ya vendrán tiempos de análisis de los medios, de los que decían que en Venezuela mentían con la enfermedad, de los que desconfiaban de la misma. De los que hablaban de dictadura. Ya vendrán. La vida es un boomeran. 

Ni los venezolanos, ni los latinoamericanos somos los mismos después de vos. La revolución bolivariana continuará. La semilla ya germinó.

Gracias y hasta siempre Hugo Chávez Frías. 

4 comentarios:

  1. es expectacular saber que hermanos argentinos y digo hermanos por el vinculo tan grande que une a estas dos naciones qiue con tan poco tiempo viviendo en venezuela expresan una fraternidad y hermandad como si hubiesen nacido en mi patria grande venezuela.

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